COLISIONES CON LA TIERRA: PELIGROS PROCEDENTES DEL ESPACIO
Durante las últimas décadas la ciencia ficción ha exprimido decenas de argumentos relativos a catástrofes de magnitud planetaria a consecuencia de colisiones de objetos procedentes del espacio exterior. En el presente artículo analizamos brevemente cada una de las posibilidades reales o ficticias de que tal acontecimiento se produzca.
El sol se convierte en gigante roja
El sol es una estrella enana amarilla situada a 27000 años luz del centro de nuestra galaxia y a 149.600.000 km de la Tierra. Mide 1.392.000 km de diámetro, es decir, 109 veces más que la Tierra.
Con aproximadamente 4650 millones de años de vida, se calcula que su vida se prolongará otros 5000 millones de años más. Tal vez sea un poco pronto para salir corriendo, pero cuando se consuma el hidrógeno de su núcleo no va a quedar títere con cabeza en nuestro sistema solar. ¡Sálvese quien pueda!
Inestabilidad orbital planetaria
Konstantin Batygin y Gregory Laughlin, en su articulo On the Dynamical Stability of the Solar System (1), presentan los resultados de un interesante trabajo. Realizaron simulaciones del movimiento de los planetas en los próximos 24 mil millones de años, descubriendo que la órbita de la Tierra apenas sufriría variaciones. Lo mismo ocurre en el caso de Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno.
Sin embargo, existe un 1% de probabilidades de que las órbitas de los restantes planetas puedan sufrir transformaciones, dando lugar a varios eventos:
a) Marte abandona el Sistema Solar (dentro de 822 millones de años)
b) colisión entre Venus y Mercurio (dentro de 862 millones de años)
c) colisión de Mercurio con el Sol (dentro de unos 1261 millones de años)
Recientemente, tras simular por ordenador 2501 escenarios posibles en la evolución de las trayectorias de la Tierra, Mercurio, Venus y Marte, Jacques Laskar y Mickael Gastineau (del Observatorio de París), han afirmado que existe un 99 por ciento de posibilidades de que no continúen su recorrido con total normalidad durante los próximos 5 mil millones de años. Creo que nos da tiempo a atar un par de cabos sueltos mientras tanto.
(http://www.akronoticias.com/2009/06/9911salvo-de-colisiones.htm)
Colisión de la luna con la tierra
En 1975 William Hartmann y D.Davis exponen la teoría de la formación de la luna a partir su desprendimiento de la “proto-Tierra”, a consecuencia de la colisión de un objeto con nuestro planeta en formación. En concreto se estima que esto habría ocurrido hace unos cuatro mil millones y medio de años, precisándose para ello un cuerpo del tamaño del planeta Marte.
Recientemente (2), en febrero de 2009, la misión japonesa SELENE ha llevado a dos científicos nipones a la sorprendente conclusión de que en varias zonas de la cara oculta de la luna se producen anomalías gravitatorias. Concretamente observan que en algunos puntos, agrupados en anillos, la fuerza de la gravedad es menor de la que existe en el resto del satélite.
En caso de ser cierta la teoría del Gran Impacto, ¿cabe la posibilidad de que el retoño quiera volver a casa con mamá? Aunque la luna es el cuerpo celeste más cercano a nuestro planeta, los científicos descartan que pueda desviarse y colisionar con la Tierra. Esto sólo ocurriría si previamente un objeto desplazara a la luna de su órbita, argumento de la miniserie de 4 episodios “Impact”, que en España ha emitido la cadena Cuatro.
Colisión de un asteroide con la tierra
La escala de Torino mide el grado de peligrosidad de estos objetos. El asteroide NT7 es el primero en recibir un valor positivo. Existen cálculos astronómicos que apuntan su colisión con la tierra el 1 de febrero de 2019. En cualquier caso, los científicos admiten que es muy pronto para hacer una predicción con garantías. Menos mal que extraoficialmente, gracias a Hollywood, todos sabemos que cualquier objeto procedente del espacio tocará tierra en Estados Unidos antes que en cualquier otra parte del globo. Por supuesto, con el permiso de esa estupenda película española titulada 3 días, dirigida por el cordobés Javier Gutiérrez y ganadora de la Biznaga de Oro del Festival de Cine de Málaga en 2008 (si no la has visto, ya estás tardando).
Avistado por primera vez el 5 de junio en Nuevo México, cálculos iniciales indican que NT7 podría medir aproximadamente 2 kilómetros de ancho. La velocidad de impacto se estima en 28 kilómetros por segundo y sus efectos se medirían a escala planetaria. El asteroide orbita alrededor del sol, completando un giro cada 837 días.
Otra de las amenazas potenciales se llama 2000SG344. Descubierto en septiembre de 2000 desde Hawai, se calcula que puede alcanzar los 70 km por segundo. Se estima que posee entre 30 y 40 metros de largo. Aún no es posible determinar con garantías si efectivamente se dirige a la tierra, pero sí se sabe la fecha exacta en el que se produciría la debacle: 21 de septiembre de 2030.
La mayor amenaza conocida a día de hoy procede del asteroide Apofis (2004 MN4). Descubierto en 2004 (http://www.astroseti.org/vernew.php?codigo=1455), se calcula que mide aproximadamente 300 metros de diámetro. Posee una masa de 46 millones de toneladas y tiene un poder de impacto equivalente a 850 millones de toneladas de TNT (60 000 bombas atómicas como la de Hiroshima).
Se calcula que el día 13 de abril de 2029 este asteroide pasará a unos 36350 km de nuestro planeta, una distancia menor a la que orbitan los satélites artificiales. Cualquier desviación de su órbita hasta entonces variará dicha cifra.
No obstante, los últimos cálculos aumentan ligeramente las posibilidades de impacto para 2036, cuando podría caer frente a las costas norteamericanas del Pacífico, generando un tsunami de 10 metros de alto que golpearía el sur de California.
La Escala de Torino es un código creado en 1999 para clasificar a los cuerpos en función de la posibilidad de impacto contra la tierra a partir de la órbita que describen. Se puntúan del 1 al 10. La roca espacial 2002 CU11, descubierta el 7 de febrero de 2002, tiene calificación 1. El impacto se produciría el 31 de Agosto de 2049.
El asteroide 2007 TU24 es el que ha pasado a menor distancia de la tierra en los últimos años, concretamente a 1’4 veces la distancia tierra-luna o 538.000 km terrestres. Esto ocurrió el 29 de enero de 2008.
Para evaluar los riesgos procedentes del espacio la Nasa creó un sistema de control de asteroides denominado Sentry (Centinela), dentro del “Programa de Objetos Cercanos a la Tierra” (NEO = Near Earth Object).
Los expertos indican que la misteriosa explosión ocurrida en el valle del río Toungouska el 30 de junio de 1908, debe relacionarse con un meteorito que haría explosión a 8 km de altura sobre la superficie terrestre. Calculan que poseía unos 60 metros de diámetro y una masa de un millón de toneladas. El impacto liberó 1000 veces la energía que produjo la bomba de Hiroshima. Pero esta sólo es la explicación oficial sobre el hecho de que uno o dos objetos hicieron explosión a pocos kilómetros sobre la superficie terrestre ¿cuálo? Pues eso mismo.
Más atrás en el tiempo, hace aproximadamente 49.000 años, la caída de un meteorito produjo el Meteor Crater del norte de Arizona. Fue el primer agujero de la Tierra que se identifica como el cráter producido por el impacto de un objeto espacial.
Un equipo de científicos del Lunar and Planetary Laboratory de la Universidad de Arizona determinó en 2005 que el objeto se estrelló a una velocidad de 12 km por segundo. El resultado fue un cráter de 1200 metros de diámetro y 200 de profundidad. La explosión fue equivalente a 300 Hiroshima.
Colisión de un cometa con la Tierra
El cometa 73P/Schwassmann-Wachmann está en proceso de desintegración desde 1995. Fue descubierto por Arnold Schwassmann y Arno Arthur Wachmann en mayo de 1930 y en abril de 2006 el Telescopio Espacial Hubble observa que consta de docenas de fragmentos, contabilizándose hasta mayo de 2006 un total de sesenta.
En 2006 pasó a tan solo 11,9 millones de kilómetros de distancia, una cifra muy baja. Los científicos descartan sin embargo que alguno de sus fragmentos pueda colisionar alguna vez con la Tierra.
El 4 de julio de 2005 la sonda espacial Deep Impact colisionó contra el cometa 9P/Tempel 1. Una sección de la misma, el “impactador” realizó un viaje en solitario de 34 horas hasta contactar con el cometa, cuando este se encontraba a una distancia de 400 millones de kilómetros. El impacto produjo un cráter de 100 metros de diámetro.
La NASA pretendía así conocer el interior del cometa, aunque algunos expertos consideran que también se pretendía evaluar la capacidad de variar la trayectoria de un cuerpo celeste, ante la amenaza de colisión con la tierra. El lanzamiento de la sonda tuvo lugar en el 12 de enero de 2005.
Colisión de una nave nodriza extraterrestre con la Tierra
Nasif Nahle Sabag (http://biocab.org/Exobiologia_Probabilidades.html) nos dice lo siguiente:
“Se calcula que el número de estrellas en la Vía Láctea es de 200 a 400 mil millones de estrellas. Además, se calcula que existen 500 mil millones de galaxias en el Universo. Si cada galaxia tuviera de 200 a 400 mil millones de estrellas, entonces habría de 20 a 200 billones (un billón es un millón de millones) de estrellas en el Universo observable. Si cada estrella estuviese circundada por 10 planetas, entonces habría de 500 a 2000 billones de planetas en el Universo…”.
Esto es esgrimido por muchos para apuntar la probable existencia de vida en alguno de ellos. Sin embargo, esto no deja de ser una sospecha. Las posibilidades de contrastar directamente dicha hipótesis son escasas y mucho más difícil es hacer predicciones acerca de la existencia de vida inteligente fuera del planeta Tierra. Aunque en este último supuesto la cosa se complica y para empezar debería celebrarse un Simposio Internacional donde se debatiera en qué consiste el ser inteligente y se llegara, de una vez por todas, a la conclusión de si el ser humano es o no es realmente un ejemplo de ser inteligente. El trasfondo es uno en definitiva: la ausencia de modelos predictivos aceptados por la comunidad científica.
La Ecuación de Drake es la que más adeptos tiene, si bien maneja factores que la alejan de ser aceptada por la comunidad científica. A través de su ecuación Drake establece que el número de civilizaciones inteligentes y comunicativas existentes en la galaxia, es igual a los años que dura una civilización. A partir de aquí se establece que la duración de una civilización depende de un factor fundamental: la superación de su tendencia inicial a la autodestrucción empleando su propia tecnología. Como conclusión, extrapolando el caso de la Tierra, se dice que pueden existir 50 civilizaciones en el universo.
Ante esta probabilidad parece que no debemos preocuparnos demasiado de que algún comandante alienígena pierda el control de su nave y termine estrellándose contra la Tierra. Mucho más difícil es por tanto que eso ocurra y que lo utilicen como excusa para atacarnos.
pulsaralfa
www.cosmoeventos.blogspot.com
(1) The Astrophysical Journal, 2008, Volume 683, Issue 2, pp. 1207-1216.
(2) Gregory A. Neumann and Erwan Mazarico. Science, 13 February 2009, Vol. 323. no. 5916, pp. 885 – 887
Durante las últimas décadas la ciencia ficción ha exprimido decenas de argumentos relativos a catástrofes de magnitud planetaria a consecuencia de colisiones de objetos procedentes del espacio exterior. En el presente artículo analizamos brevemente cada una de las posibilidades reales o ficticias de que tal acontecimiento se produzca.
El sol se convierte en gigante roja
El sol es una estrella enana amarilla situada a 27000 años luz del centro de nuestra galaxia y a 149.600.000 km de la Tierra. Mide 1.392.000 km de diámetro, es decir, 109 veces más que la Tierra.
Con aproximadamente 4650 millones de años de vida, se calcula que su vida se prolongará otros 5000 millones de años más. Tal vez sea un poco pronto para salir corriendo, pero cuando se consuma el hidrógeno de su núcleo no va a quedar títere con cabeza en nuestro sistema solar. ¡Sálvese quien pueda!
Inestabilidad orbital planetaria
Konstantin Batygin y Gregory Laughlin, en su articulo On the Dynamical Stability of the Solar System (1), presentan los resultados de un interesante trabajo. Realizaron simulaciones del movimiento de los planetas en los próximos 24 mil millones de años, descubriendo que la órbita de la Tierra apenas sufriría variaciones. Lo mismo ocurre en el caso de Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno.
Sin embargo, existe un 1% de probabilidades de que las órbitas de los restantes planetas puedan sufrir transformaciones, dando lugar a varios eventos:
a) Marte abandona el Sistema Solar (dentro de 822 millones de años)
b) colisión entre Venus y Mercurio (dentro de 862 millones de años)
c) colisión de Mercurio con el Sol (dentro de unos 1261 millones de años)
Recientemente, tras simular por ordenador 2501 escenarios posibles en la evolución de las trayectorias de la Tierra, Mercurio, Venus y Marte, Jacques Laskar y Mickael Gastineau (del Observatorio de París), han afirmado que existe un 99 por ciento de posibilidades de que no continúen su recorrido con total normalidad durante los próximos 5 mil millones de años. Creo que nos da tiempo a atar un par de cabos sueltos mientras tanto.
(http://www.akronoticias.com/2009/06/9911salvo-de-colisiones.htm)
Colisión de la luna con la tierra
En 1975 William Hartmann y D.Davis exponen la teoría de la formación de la luna a partir su desprendimiento de la “proto-Tierra”, a consecuencia de la colisión de un objeto con nuestro planeta en formación. En concreto se estima que esto habría ocurrido hace unos cuatro mil millones y medio de años, precisándose para ello un cuerpo del tamaño del planeta Marte.
Recientemente (2), en febrero de 2009, la misión japonesa SELENE ha llevado a dos científicos nipones a la sorprendente conclusión de que en varias zonas de la cara oculta de la luna se producen anomalías gravitatorias. Concretamente observan que en algunos puntos, agrupados en anillos, la fuerza de la gravedad es menor de la que existe en el resto del satélite.
En caso de ser cierta la teoría del Gran Impacto, ¿cabe la posibilidad de que el retoño quiera volver a casa con mamá? Aunque la luna es el cuerpo celeste más cercano a nuestro planeta, los científicos descartan que pueda desviarse y colisionar con la Tierra. Esto sólo ocurriría si previamente un objeto desplazara a la luna de su órbita, argumento de la miniserie de 4 episodios “Impact”, que en España ha emitido la cadena Cuatro.
Colisión de un asteroide con la tierra
La escala de Torino mide el grado de peligrosidad de estos objetos. El asteroide NT7 es el primero en recibir un valor positivo. Existen cálculos astronómicos que apuntan su colisión con la tierra el 1 de febrero de 2019. En cualquier caso, los científicos admiten que es muy pronto para hacer una predicción con garantías. Menos mal que extraoficialmente, gracias a Hollywood, todos sabemos que cualquier objeto procedente del espacio tocará tierra en Estados Unidos antes que en cualquier otra parte del globo. Por supuesto, con el permiso de esa estupenda película española titulada 3 días, dirigida por el cordobés Javier Gutiérrez y ganadora de la Biznaga de Oro del Festival de Cine de Málaga en 2008 (si no la has visto, ya estás tardando).
Avistado por primera vez el 5 de junio en Nuevo México, cálculos iniciales indican que NT7 podría medir aproximadamente 2 kilómetros de ancho. La velocidad de impacto se estima en 28 kilómetros por segundo y sus efectos se medirían a escala planetaria. El asteroide orbita alrededor del sol, completando un giro cada 837 días.
Otra de las amenazas potenciales se llama 2000SG344. Descubierto en septiembre de 2000 desde Hawai, se calcula que puede alcanzar los 70 km por segundo. Se estima que posee entre 30 y 40 metros de largo. Aún no es posible determinar con garantías si efectivamente se dirige a la tierra, pero sí se sabe la fecha exacta en el que se produciría la debacle: 21 de septiembre de 2030.
La mayor amenaza conocida a día de hoy procede del asteroide Apofis (2004 MN4). Descubierto en 2004 (http://www.astroseti.org/vernew.php?codigo=1455), se calcula que mide aproximadamente 300 metros de diámetro. Posee una masa de 46 millones de toneladas y tiene un poder de impacto equivalente a 850 millones de toneladas de TNT (60 000 bombas atómicas como la de Hiroshima).
Se calcula que el día 13 de abril de 2029 este asteroide pasará a unos 36350 km de nuestro planeta, una distancia menor a la que orbitan los satélites artificiales. Cualquier desviación de su órbita hasta entonces variará dicha cifra.
No obstante, los últimos cálculos aumentan ligeramente las posibilidades de impacto para 2036, cuando podría caer frente a las costas norteamericanas del Pacífico, generando un tsunami de 10 metros de alto que golpearía el sur de California.
La Escala de Torino es un código creado en 1999 para clasificar a los cuerpos en función de la posibilidad de impacto contra la tierra a partir de la órbita que describen. Se puntúan del 1 al 10. La roca espacial 2002 CU11, descubierta el 7 de febrero de 2002, tiene calificación 1. El impacto se produciría el 31 de Agosto de 2049.
El asteroide 2007 TU24 es el que ha pasado a menor distancia de la tierra en los últimos años, concretamente a 1’4 veces la distancia tierra-luna o 538.000 km terrestres. Esto ocurrió el 29 de enero de 2008.
Para evaluar los riesgos procedentes del espacio la Nasa creó un sistema de control de asteroides denominado Sentry (Centinela), dentro del “Programa de Objetos Cercanos a la Tierra” (NEO = Near Earth Object).
Los expertos indican que la misteriosa explosión ocurrida en el valle del río Toungouska el 30 de junio de 1908, debe relacionarse con un meteorito que haría explosión a 8 km de altura sobre la superficie terrestre. Calculan que poseía unos 60 metros de diámetro y una masa de un millón de toneladas. El impacto liberó 1000 veces la energía que produjo la bomba de Hiroshima. Pero esta sólo es la explicación oficial sobre el hecho de que uno o dos objetos hicieron explosión a pocos kilómetros sobre la superficie terrestre ¿cuálo? Pues eso mismo.
Más atrás en el tiempo, hace aproximadamente 49.000 años, la caída de un meteorito produjo el Meteor Crater del norte de Arizona. Fue el primer agujero de la Tierra que se identifica como el cráter producido por el impacto de un objeto espacial.
Un equipo de científicos del Lunar and Planetary Laboratory de la Universidad de Arizona determinó en 2005 que el objeto se estrelló a una velocidad de 12 km por segundo. El resultado fue un cráter de 1200 metros de diámetro y 200 de profundidad. La explosión fue equivalente a 300 Hiroshima.
Colisión de un cometa con la Tierra
El cometa 73P/Schwassmann-Wachmann está en proceso de desintegración desde 1995. Fue descubierto por Arnold Schwassmann y Arno Arthur Wachmann en mayo de 1930 y en abril de 2006 el Telescopio Espacial Hubble observa que consta de docenas de fragmentos, contabilizándose hasta mayo de 2006 un total de sesenta.
En 2006 pasó a tan solo 11,9 millones de kilómetros de distancia, una cifra muy baja. Los científicos descartan sin embargo que alguno de sus fragmentos pueda colisionar alguna vez con la Tierra.
El 4 de julio de 2005 la sonda espacial Deep Impact colisionó contra el cometa 9P/Tempel 1. Una sección de la misma, el “impactador” realizó un viaje en solitario de 34 horas hasta contactar con el cometa, cuando este se encontraba a una distancia de 400 millones de kilómetros. El impacto produjo un cráter de 100 metros de diámetro.
La NASA pretendía así conocer el interior del cometa, aunque algunos expertos consideran que también se pretendía evaluar la capacidad de variar la trayectoria de un cuerpo celeste, ante la amenaza de colisión con la tierra. El lanzamiento de la sonda tuvo lugar en el 12 de enero de 2005.
Colisión de una nave nodriza extraterrestre con la Tierra
Nasif Nahle Sabag (http://biocab.org/Exobiologia_Probabilidades.html) nos dice lo siguiente:
“Se calcula que el número de estrellas en la Vía Láctea es de 200 a 400 mil millones de estrellas. Además, se calcula que existen 500 mil millones de galaxias en el Universo. Si cada galaxia tuviera de 200 a 400 mil millones de estrellas, entonces habría de 20 a 200 billones (un billón es un millón de millones) de estrellas en el Universo observable. Si cada estrella estuviese circundada por 10 planetas, entonces habría de 500 a 2000 billones de planetas en el Universo…”.
Esto es esgrimido por muchos para apuntar la probable existencia de vida en alguno de ellos. Sin embargo, esto no deja de ser una sospecha. Las posibilidades de contrastar directamente dicha hipótesis son escasas y mucho más difícil es hacer predicciones acerca de la existencia de vida inteligente fuera del planeta Tierra. Aunque en este último supuesto la cosa se complica y para empezar debería celebrarse un Simposio Internacional donde se debatiera en qué consiste el ser inteligente y se llegara, de una vez por todas, a la conclusión de si el ser humano es o no es realmente un ejemplo de ser inteligente. El trasfondo es uno en definitiva: la ausencia de modelos predictivos aceptados por la comunidad científica.
La Ecuación de Drake es la que más adeptos tiene, si bien maneja factores que la alejan de ser aceptada por la comunidad científica. A través de su ecuación Drake establece que el número de civilizaciones inteligentes y comunicativas existentes en la galaxia, es igual a los años que dura una civilización. A partir de aquí se establece que la duración de una civilización depende de un factor fundamental: la superación de su tendencia inicial a la autodestrucción empleando su propia tecnología. Como conclusión, extrapolando el caso de la Tierra, se dice que pueden existir 50 civilizaciones en el universo.
Ante esta probabilidad parece que no debemos preocuparnos demasiado de que algún comandante alienígena pierda el control de su nave y termine estrellándose contra la Tierra. Mucho más difícil es por tanto que eso ocurra y que lo utilicen como excusa para atacarnos.
pulsaralfa
www.cosmoeventos.blogspot.com
(1) The Astrophysical Journal, 2008, Volume 683, Issue 2, pp. 1207-1216.
(2) Gregory A. Neumann and Erwan Mazarico. Science, 13 February 2009, Vol. 323. no. 5916, pp. 885 – 887
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