Soledad, ¿divino tesoro?
Desde hace unos años los científicos plantean que el cruce entre un sapiens neandertalensis y un sapiens sapiens no era posible, es decir, que la criatura sería estéril. Esto es algo similar a lo que ocurre en el caso de los équidos. Mulos y mulas son el producto del cruce entre una yegua y un burro. Son tan estériles como las crías producto del cruce entre una burra y un caballo.
Desde hace unos años los científicos plantean que el cruce entre un sapiens neandertalensis y un sapiens sapiens no era posible, es decir, que la criatura sería estéril. Esto es algo similar a lo que ocurre en el caso de los équidos. Mulos y mulas son el producto del cruce entre una yegua y un burro. Son tan estériles como las crías producto del cruce entre una burra y un caballo.
El sur de la Península Ibérica se considera el reducto de los últimos neandertales. Su desaparición se asocia a la incapacidad por adaptarse a nuevas condiciones climáticas, adversas para unos seres que presentan rasgos adaptativos muy favorables para ambientes fríos.
Durante los últimos años se ha venido superando la idea de que eran unos seres torpes incapaces de hablar. A ellos se asocia la técnica de talla levallois y las industrias musteriense y chatelperroniense. Cada vez el debate sobre la humanidad de los neandertales se inclina a una propia definición del término humanidad. Todo esto ha llevado a Eudald Carbonell, codirector del proyecto Atapuerca, a reflexionar sobre el propio concepto, distinguiendo entre hominización y humanización. Sobre esta última opina que aún estamos en el camino y que supone la aparición de una conciencia de especie fundamentada en la socialización del conocimiento. Este esperanzador panorama tendría sentido si la socialización del conocimiento, que nace en el seno de un sistema de depredación como el capitalismo, se desarrolla y adquiere la mayoría de edad en un sistema socioeconómico que corrija las contradicciones inherentes al sistema actual. Y ello cuando el sistema establece claros límites en cuanto a la superación de las desigualdades que garantizan su reproducción y continuidad, reglas tan precisas como encubiertas que forman parte indisoluble e identitaria de su proceso de autopoiesis. Por tanto, tal vez no deberíamos confundir humanidad y desarrollo de potencialidades con los fundamentos últimos de toda conducta: la capacitación endógena, biológica y morfológica. De ahí que, en función de las reglas del juego, la humanización debería entenderse efectivamente como un proceso abierto, pero que no tendría que ver con la voluntad del ser humano antes que con la capacitación para desarrollar unas potencialidades dadas a partir de sucesivas mutaciones más o menos aleatorias.
La capacidad de desarrollar la intelectualidad, la espiritualidad o quien sabe si formas mentales de interacción con el entorno que hoy nos pueden parecer propias de la ciencia ficción, no son hechos conscientes o conducidos por sí mismos o por los humanos. Pueden o no pueden darse en función de unos factores exógenos, de unas potencialidades endógenas que se van sumando, restando, potenciando y conjugando hasta hacerse acto quien sabe si a un ritmo tan lento, a un nivel tan minúsculo, que tal vez pasen totalmente desapercibidas ante nuestros ojos o desaparezcan antes de ser reconocibles sustituidas por una nueva potencialidad que encuentra mayores probabilidades de llevarse a cabo.
En todo este contexto parece claro que el término "humano" no es sino el dado desde el presentismo para “separarnos” del resto de los homínidos, convirtiéndose desde esta perspectiva en la expresión xenófoba más grave que jamás hemos acuñado los miembros de nuestra especie, la especie suicida.
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