reflexión sobre la Cuarta Fase


     Esta entrada es atípica en comparación con lo que suelo presentar en este blog, pero he sentido la necesidad de escribir aquí. Ayer vi una película que encontré de manera casual. Se llama La cuarta fase. El argumento gira en torno a las continuas abducciones que sufren varios ciudadanos de un pueblo de Norteamérica. Con Milla Jojovich como actriz principal, se supone que está basada en hechos reales.

     Aunque la recomiendo a los amantes de la ciencia ficción, el terror y el suspense, con este artículo no pretendo hacer publicidad gratuita. Mucho más allá, me dirijo a quienes la han visto y, especialmente, a quienes sean capaces de analizar la realidad de manera objetiva, sin negar o afirmar basándose en convicciones personales; a quienes puedan admitir posibilidades y las reduzcan o amplíen en base a argumentos y pruebas irrefutables. Bueno, en realidad está dirigida a tod@ aquel que después de leerla vaya más allá de un "chaval, lo tuyo es grave".

     No voy a tratar aquí el tema de si existe o no vida inteligente fuera de la Tierra (ya dije en una ocasión que deberíamos comprobar primero si de verdad hay vida inteligente en nuestro planeta) y tampoco es necesario que dé mi opinión al respecto. El hecho es que hay un aspecto de la película que no puedo apartar de mi cabeza: el mensaje tan directo y brutal sobre la hostilidad de los alienígenas. No se plantea una invasión encubierta o una razzia.; ni siquiera se insinúa o profundiza en los motivos por los cuales se producen las abducciones. Tampoco se pone rostro a quienes las realizan, aunque se reconoce en la cara deformada de la protagonista tras sus experiencias.

     Es como si ese mensaje tan directo escondiera el auténtico mensaje, poniéndose el acento (encubierto) en la necesidad de hacer frente común contra lo exógeno. El resultado vendría a ser algo así como una maniobra de manipulación tan sutil, que sólo tiene cabida en una sociedad democrática. Si el clima internacional estuviera más calmado, tal vez no me plantearía estas cuestiones. Y si viviera en una dictadura, no necesitarían replegarme a mis fronteras de una manera tan delicada. Pero en el momento de crisis que sufre occidente, la película me lleva a esta reflexión que probablemente sería motivo de risa para quienes dieron forma al guión. ¿qué opinas tú?