Los jardines colgantes de Babilonia
A estas alturas no sólo tenemos claro que estamos inmersos en una época de cambio climático. También sabemos que en el pasado se produjeron alteraciones similares. No me refiero a las glaciaciones, que admiten pocas dudas y fueron episodios de miles de años de duración. Me refiero a una transformación paulatina pero más acelerada, que actúa durante décadas o siglos arrasando todo signo de organización a gran escala, en la cultura que se cruza en su camino. Esperemos que lo que se avecina sea un poco más suave…
Que se han producido cambios y que se van a seguir produciendo no admite discusión. Que en el pasado sólo actuaban factores naturales y que en el presente y futuro estos convivirán con factores de origen antrópico, tampoco.
No tiene sentido discutir acerca del origen de los cambios climáticos: se trata de ciclos naturales. Tampoco es discutible el hecho de que la contaminación antrópica hace un flaco favor a los ciclos naturales, porque nos faltan manos y pies para aportar ejemplos a pequeña y mediana escala.
Lo peor de la contaminación humana es que se va incrementando y por ello no es que acelere el ciclo natural que debía producirse, sino que desajusta el sistema de regulación de la Naturaleza.
Entre los cataclismos más famosos de cuántos se han documentado arqueológicamente, destaca la explosión del volcán situado en la isla de Thera, cuyos efectos sacudieron a la cultura minoica cretense en torno a 1645-1600 a.C., abriendo poco a poco la puerta a la posterior supremacía micénica. Pocos siglos después, la cuenca mediterránea sufre un período de sequías que supone la desmembración absoluta del ya inestable Imperio Antiguo Egipcio, en torno al 1200-1150 a.C, que coincide con la caída del poder micénico y el comienzo de la denomina Época Oscura por la escasez de fuentes documentales.
Uno de los ejemplos más tempranos y drásticos de la implicación del ser humano en los ciclos naturales, lo encontramos en la Babilonia de los kasitas. Allí, la inundación artificial de amplias superficies de tierra para la agricultura, terminó ocasionando la salinización de los suelos, dando lugar al agotamiento de los mismos. Se conoce que los Asirios practicaban el barbecho, dejando descansar las tierras dos años antes de someterla a la siguiente inundación.
Para conocer otros efectos antrópicos en las culturas del Próximo Oriente Antiguo, puedes comenzar con la web “La Égida de Shamash”, de Carlos G. Wagner, profesor titular del Departamento de Historia Antigua de la UCM.

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