¿Por qué dejar de contaminar?


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          La semana pasada salió a la luz la noticia acerca de la fabricación de la primera célula sintética. Los comentarios acerca de que no se ha creado vida, sino que simplemente se ha imitado el proceso de creación, es una respuesta que racionaliza el logro alcanzado por el equipo de investigación de Craig Venter, científico que presentó el genoma humano hace diez años.

          Craig Venter declara que su investigación está encaminada a la lucha contra el cambio climático, presentando la genómica sintética como una vía de investigación fundamental para contrarrestar la contaminación, cuando no para generar energías limpias.

          Sin entrar a valorar cuestiones éticas o filosóficas, es indiscutible que tal descubrimiento probablemente tenga un peso enorme en los compromisos internacionales sobre reducción de emisiones contaminantes. De hecho, incluso no puede negarse la posibilidad de que la expectativa ya influyera en el caos de la última cumbre. Porque, ¿quién firma un compromiso vinculante a sabiendas del desembolso económico que supone el compromiso adquirido o el que pueden suponer las sanciones por su incumplimiento?
            
          Las cuestiones que suscita esta vía de investigación son muy variadas si finalmente los organismos sintéticos se muestran dóciles: ¿sabremos valorar el posible impacto a largo plazo de su aplicación o las prisas por haber hallado la solución a la contaminación acarreará otros problemas de consecuencias no previstas?
            
          Es evidente que en lo concerniente a la creación de fuentes de energías limpias, el futuro puede ser tan prometedor como comprometido. Aunque estamos hablando de una producción no contaminante y no de una producción a gran escala, ¿qué efectos tendría esto último sobre el crecimiento de la población humana? ¿De dónde extraeríamos los recursos si ocurre esto o si se reduce la tasa de mortalidad? Bueno, por suerte o por desgracia sólo después de cometer los errores podremos encontrar las soluciones, pero parece obvio que el control de la natalidad podría imponerse tarde o temprano, como mecanismo generalizado de regulación artificial.