Nadie esperaba grandes compromisos después de lo ocurrido en Copenhague el año pasado. Aunque los textos respaldados ahora muestran claramente una escasa ambición por incrementar compromisos y actuaciones, al menos la ausencia de avances significativos no es sinónimo de estancamiento. Las espectativas estaban muy bajas y por ello el resultado puede considerarse aceptable, sobre todo porque la unanimidad que se transmite, no significa la desaparición de los grandes debates.
El resultado de la reunión son dos textos que giran en torno a la continuación del Protocolo de Kioto y la creación de un programa de cooperción a largo plazo. Entre los puntos acordados podemos destacar cuatro:
- Se aplaza la sustitución del Protocolo de Kioto, que debía expirar en 2012. El compromiso de ampliación firmado no elimina el debate sobre la necesidad de que se cree un nuevo protocolo, así como que Kioto sea ratificado por USA. A su vez, varios países plantean la necesidad de que China cambie su rol, aunque hoy día es considerada una economía emergente.
- Ya sea mediante prórroga de Kioto o a través de un nuevo protocolo, los países muestran la necesidad de reducir a partir de 2020 la tasa de emisión de CO². El volumen de dicha reducción debería ser de entre el 25 y el 40 % respecto a los niveles de emisión de 1990.
- Se crea el Fondo Verde Climático (GCF), mediante el cual los países más ricos deberán ayudar a los países en vías de desarrollo. Dicho fondo deberá tener una dotación de 100.000 millones de dólares a partir de 2020 y entre sus objetivos están el protejer los bosques tropicales y promover el desarrollo de energías renovables.
- Se da pie a la creación de un Sistema de Consultas y Análisis Internacional (ICA), de modo que exista información veraz sobre las actuaciones necesarias y desarrolladas por cada país, si bien deberá respetarse su soberanía. Se dan así claros pasos hacia la transparencia y el conocimiento de la implicación individual, especialmente en el caso de Brasil, India y China. Únicamente podrán realizarse auditorías en el caso de que la reducción de las emisiones se lleve a cabo con inversiones del exterior.
Bolivia es el único país que mostró abiertamente su desacuerdo a los compromisos, criticando que dejan en el tintero numerosos aspectos al tiempo que evidencian el escaso peso de los países en vías de desarrollo en la toma de decisiones, especialmente en el caso de los compromisos que deberían adquirir los más ricos para reducir sus emisiones. La delegación boliviana considera así el texto una copia de las propuestas pactadas por los países más ricos y contaminantes en la pasada Cumbre de Copenhague, criticando el despliegue diplomático realizado de cara a la homogeneización de las posturas individuales.
Esperemos que la salida de la crisis financiera haga que el próximo año, en la Conferencia de Durban (Sudáfrica), los países se sientan más capacitados para afrontar una mayor implicación. En mi opinión Cancún ha puesto de manifiesto que ante la adversidad es posible frenar e imprimir perspectiva sin renunciar a futuros compromisos y, especialmente, sin retroceder en los logros alcanzados en el pasado.
Págin web de la Cumbre: http://cc2010.mx/es/
Fuentes:

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