Hace poco más de un año me sorprendía la afirmación que hacían un grupo de científicos sobre la importancia de las nubes para evitar el calentamiento producido por el sol. Dicho así puede parecer un tema absurdo y obvio. Tras analizar la subida de la temperatura en zonas del océano donde existe una baja densidad de nubes, los científicos en cuestión no dudaban en afirman que para protegernos de la subida de las temperaturas producidas por la incidencia del sol, tal vez deberíamos ampliar el parque móvil y “densificar” la atmósfera.
Ponían así de manifiesto que el auténtico peligro proviene del exterior, hipótesis que mantiene dividida a la comunidad científica al menos en lo relativo a su incidencia sobre la opinión pública. Porque, ¿es el cambio climático efecto de la ctividad humana? Y, más aún, ¿se está produciendo realmente un cambio climático?
Las respuestas a estas preguntas no son nada sencillas a juzgar por el panorama científico internacional. Los datos históricos son utilizados por unos como clara evidencia de la incidencia de la actividad humana, mientras para otros los factores antrópicos que afectan a la meteorología y potencialmente al clima son claros, pero poco o nada en comparación con los grandes factores cuya génesis parece natural (cambios en las corrientes oceánicas o en el campo magnético terrestre).
El pasado fin de semana se celebró en Berlín la III Conferencia Internacional sobre Clima y Energía. Sería imposible abordar aquí todas las cuestiones planteadas por los científicos participantes, destacando la importancia que se le confiere al sol y a las nubes como principales agentes implicados en las variaciones de la temperatura. Algunos científicos hacen un llamamiento general a los políticos para que no enturbien lo que constituye un campo de estudio aún por investigar, con más interrogantes que respuestas. Claro que este reproche parece estar más relacionado con la protesta que realizan los Verdes alemanes en el Parlamento, quienes solicitaron que esta conferencia no se llevase a cabo o se hiciera una declaración en la que se indicara la actividad humana como principal factor de cambio climático.
¿Constituye la conferencia de Berlín un hito en la desmitificación de los factores antrópicos del cambio climático? Independientemente del objetivo de los organizadores del evento, personalmente interpreto que los científicos están lanzando un mensaje muy claro: déjennos trabajar en paz, con objetividad. Probablemente será inevitable que científicos, políticos y ciudadanos utilicen la conferencia como arma arrojadiza cuando y como crean conveniente, juntos o por separado, contra sí mismos o contra cualquiera. Puede que muchos ciudadanos y/o políticos se escuden en la importancia de los factores externos para eludir responsabilidades, pero lo importante es que ninguno de los datos presentados el viernes contradice lo que todos sabemos, es decir, que la contaminación antrópica tiene efectos mensurables en el medio ambiente y que podemos reducirlos o eliminarnos dentro de unos márgenes aceptables sin poner en peligro nuestras economías, las presentes o las futuras.
La actividad humana tiene poco que ver con algunos de los cambios que se están produciendo, lo que no significa que no tenga claros efectos nocivos sobre el planeta. Por ello la base de toda la polémica es aún la definición misma del concepto cambio climático, totum revolutum que engloba demasiados aspectos a diferentes escalas, categorías manejables por la ciencia pero no por ciudadanos y políticos (en cuanto a la acción política, mejor ni hablamos de la Cumbre de Cancún).
Para conocer el contenido de las ponencias presentadas en la Cumbre de Berlín, os presento el enlace hacia la web desdeelexilio.com, cuyo administrador estuvo presente en el evento.
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